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09/03/09 | 12:37: anonimo dice:
lindo pero lo escribis profundo ? o solo para recibir los aplausos? no es asi? sino, muy lindo. ahora completo
09/03/09 | 12:35: anonimo dice:
lindo pero lo escribis profundo
01/12/08 | 07:15: Anónimo dice:
Una vez más, esta reseña es prueba de tu inagotable talento. Te pido que continúes deleitando a los mortales que leemos embelesados tu prosa, de manera que podamos estar verdaderamente más orgullosos de aquello que leemos. Me doy por satisfecho y ojalá puedas acordarte de éste que te respira aún hoy.
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ser o no ser: cuestión bovarista



Ser o No-ser (la construcción del otro en Madame Bovary) “Madame Bovary soy yo” afirmó su autor, Gustave Flaubert, tras la publicación de esta cuestionada novela. Estas palabras, que con el tiempo se convirtieron en su carta de presentación, no son otra cosa que la expresión misma de la escisión de roles presente en el texto. El principio constructivo del texto parece centrarse en el juego de oposiciones dado entre lo que podríamos denominar: “ser y deber ser”, muy lejos de aquella dicotomía que planteó Todorov tiempo atrás. Los personajes no ocultan cosas al ojo del lector, no lo sorprenden. Toda su historia es suma, logro y consecuencia de sus actos pasados. Pero en contraposición, toda la tensión narrativa se encuentra en las mentiras y ocultamientos dados entre ellos mismos. La mirada de los otros funciona como un espejo. Probablemente, esta sea la razón por la que la figura de Emma se presenta como un ser voluble durante el transcurso de su vida. Educada en un convento, fue preparada desde niña para una vida social que no tenía en la granja de su tío. Aquí, sus conocimientos sobre arte, literatura y piano, resultaban totalmente inútiles para las tareas domésticas. Pero fueron oportunos para conquistar al médico Charles Bovary, quien abrió a los ojos de Emma un nuevo mundo de posibilidades. La promesa de una vida en la ciudad se esfumó rápidamente, cuando la protagonista comprendió que la rutina de una señora burguesa no se asemejaba a la de aquellas heroínas románticas de las que tanto había leído. Debía cumplir con sus deberes de esposa, que incluían mandatos sociales tales como la maternidad, para la cual no se encontraba preparada; el cuidado de un hombre del cual se aburrió rápidamente y una vida de pobreza que no había podido intuir. Por todo esto, Emma decidió construir una imagen que la ayudase a escapar del tedio de su rutina, un sueño romántico en el que ella era la única protagonista. Consiguió asistir a fiestas de alta sociedad y conocer gente de sangre noble. Así comenzaron sus relaciones clandestinas. Proyectó sus ilusiones románticas en sus amantes, pero en todos descubrió al fin la mediocridad, el tedio y la traición. Logró que Charles buscase trabajo en otra ciudad. La mudanza se acompañó por una nueva afición: la acumulación excesiva de bienes materiales, con el fin de aparentar una vida que en realidad no podía costearse. De esta manera, condujo a su familia a la ruina total. La vida de Madame Bovary está signada por el tedio. Todo en ella es efímero, todo termina por aburrirla, lo que es posible observar con facilidad en los cambios de objeto de deseo, que la aburren rápidamente y a los que desecha con la misma facilidad con que los había concebido. Estos objetos serán, pues, la forma en que Emma logra evadir una realidad que la ofusca y la reprime, que no la representa. Así, el “deber ser” aparece como una vía de escape, como un pacto de lectura que no concluye con el libro. Madame Bovary crea su propio mundo de ficción, en el cual ella es una heroína construida con todas las características del romanticismo: es víctima de un marido a quien no ama, que trata de conquistarla mediante mil atenciones que ella desdeña; es deseada por hombres de distintas edades y clases sociales, es una amante abnegada y desprendida, es una señora burguesa rodeada de lujos que no necesita. Finalmente, la fantasía concluye cuando el medio que la sustenta se acaba. Al momento en que Charles no puede cubrir las deudas de su esposa, Emma descubre que no quedan subterfugios: debe enfrentarse a la realidad de ser pobre, de haber sido traicionada, de estar sola frente al mundo. Entonces, cuando la realidad la golpeó, decidió hacer su último acto romántico: eligió la muerte. Morir joven y trágicamente sería su marca en el mundo, sería la única imagen que todos conservarían de ella por igual. Hay una mirada que acecha. Hay una mirada que rige destinos. La mirada del otro construye y destruye simultáneamente, disfrazada de moral, de tradición, de moda. Los hombres mueren sin haber sospechado lo que era el otro (Sartre, 1966). Ma. de los Ángeles Piyuka

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Comentarios de nuestros lectores - Escribí tu comentario
09/03/09 | 12:37: anonimo dice:
lindo pero lo escribis profundo ? o solo para recibir los aplausos? no es asi? sino, muy lindo. ahora completo
literata@hotmail.com
 
09/03/09 | 12:35: anonimo dice:
lindo pero lo escribis profundo
literata@hotmail.com
 
01/12/08 | 07:15: Anónimo dice:
Una vez más, esta reseña es prueba de tu inagotable talento. Te pido que continúes deleitando a los mortales que leemos embelesados tu prosa, de manera que podamos estar verdaderamente más orgullosos de aquello que leemos. Me doy por satisfecho y ojalá puedas acordarte de éste que te respira aún hoy.
anonimo@hotmail.com
 
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